La dinámica de grupos: la corriente que cambió a Hellinger

Bert Hellinger no buscaba la terapia cuando encontró la dinámica de grupos. Era sacerdote misionero, director de un gran colegio para negros en Sudáfrica, y vivía en un mundo católico herméticamente cerrado. Un mundo en el que los teólogos ocupaban un lugar venerable, en el que las verdades eran absolutas y en el que la fe era condición necesaria para ser buena persona.

Hasta que algo rompió esa certeza.

Bert Hellinger aplicando dinámica de grupos en su formación en constelaciones familiares.

“De inmediato en el colegio apliqué la dinámica de grupo en la práctica y eso fue mi transición hacia la terapia. Penetré al espacio experimental del alma.” — Bert Hellinger, Mi vida, mi obra

Bert Hellinger y el origen de las Constelaciones Familiares

El hombre que llegó a los grupos sin buscarlo

En la Universidad de Natal, donde se había matriculado para estudiar una segunda carrera, conoció profesores que no creían en Dios. Y eran, sin embargo, buenísimas personas. Eso lo sacudió. “Fue el primer punto de inflexión importante, cuando de repente me di cuenta: ¿por qué ideas me he dejado llevar?” Comprendió algo que después articularía como principio: ser bueno es, ante todo, un tema de experiencia de vida. No de doctrina.

Cuando conoció la dinámica de grupo ya dirigía ese gran colegio. No llegó a ella como terapeuta en busca de herramientas. Llegó como sacerdote en busca de respuestas.

El apartheid como contexto: todos en el mismo bote

Para entender lo que la dinámica de grupos significó para Hellinger, hay que situar el momento con precisión. Estamos en Sudáfrica a principios de los años 60. La national party lleva en el poder desde 1948 y ha elevado la segregación racial a principio de estado. En el transporte público, la población negra esta obligada a ocupar vagones y secciones separadas, una de las expresiones más visibles del sistema de apartheid que regulaba cada aspecto de la vida cotidiana. Los hospitales, los parques, las playas tienen entradas separadas. Los matrimonios entre blancos y no blancos están prohibidos.

En ese contexto, los eclesiásticos anglicanos organizaban cursos ecuménicos de dinámica de grupo sin barreras de raza. Negros y blancos, hindúes y mestizos, católicos y protestantes —todos aprendían juntos en la misma sala. Hellinger, que venía de una sociedad católica herméticamente aislada, entró allí por primera vez.

Lo que vio lo impresionó profundamente. “Yo era católico. Aún no conocía a los anglicanos y no tenía relación con ellos. Y de una vez yo voy allí y veo lo devotos que son. ¡Realmente devotos! De una vez me percaté de que todos estamos en el mismo bote y que las diferencias externas del color de la piel o de la creencia son totalmente irrelevantes.”

Era una experiencia que en la Sudáfrica del apartheid resultaba, literalmente, revolucionaria. Y que chocaba frontalmente con lo que Hellinger llevaba formulando desde niño: que la pertenencia dependía de la fe, de la raza, de la institución. Ahora veía que no. Que la pertenencia era anterior a todo eso.

La semilla del primer Orden del Amor —el derecho de todos a pertenecer— brotó aquí, en una sala de cursos anglicanos en pleno apartheid.

People or ideals? What do you sacrifice for what?”

Ya en la primera sesión, el instructor lanzó al grupo una pregunta que Hellinger no olvidaría en toda su vida:

“¿Qué es más importante para ti: las personas o los ideales? ¿Qué sacrificas por qué? ¿Los ideales a las personas o las personas al ideal?”

Esa noche no pudo dormir. La pregunta lo había descolocado porque apuntaba directamente a su vida entera como sacerdote misionero. “Me di cuenta de que durante mi labor como misionero frecuentemente había perdido de vista a las personas.” La iglesia predicaba una fe y una moral como si fueran válidas para todos por igual. Se encomienda a cada individuo que se conduzca en consecuencia. El ideal primero. La persona después —o nunca.

“Merced al encuentro con estos instructores anglicanos, la persona volvió a estar en la mira como lo más importante. Les estoy muy agradecido.”

De inmediato aplicó lo aprendido en su trabajo con los seminaristas del colegio. Un día, los futuros sacerdotes le preguntaron —más en broma que en serio— qué diría si ellos recibían visitas femeninas en sus habitaciones. En aquella época eso era un tabú absoluto. Hellinger respondió: “Lo autorizo con gusto, con la condición de que ustedes logren convencer a los demás internos del seminario sobre esa idea.” Les transfirió la responsabilidad a ellos mismos. Sin asumirla por ellos. Enseguida vieron que su plan era de imposible realización. Y vieron también que no podían ponerle delante de su carro.

Otro ejemplo: cuando sus superiores en Roma le daban directivas que debía transmitir a los estudiantes, él les decía: “Son bienvenidos para decírselos ustedes mismos.” Nadie vino. Nadie se enteró de las instrucciones. Hellinger había descubierto los mecanismos mediante los cuales las personas evaden su responsabilidad y se la pasan a otros. Y aprendió a no cargar con lo que no le correspondía.

En esa experiencia estaba ya el núcleo de uno de los principios más sólidos del enfoque sistémico: cada miembro del sistema carga con su propia parte. Ni más, ni menos.

Qué es la dinámica de grupos y de dónde viene

La dinámica de grupos era en los años 60 una disciplina prácticamente desconocida en Alemania. Se había desarrollado principalmente en el mundo de habla inglesa, de la mano de dos figuras fundamentales:

Kurt Lewin (1890–1947), psicólogo judío alemán que emigró a Estados Unidos huyendo del nazismo en 1933. Considerado el padre de la psicología social moderna, desarrolló el concepto de dinámica de grupos para estudiar las fuerzas que surgen en un colectivo, teoría del campo, y cómo esas fuerzas afectan a cada participante individualmente.

Jacob Levy Moreno (1889–1974), médico, psiquiatra y sociólogo austro-norteamericano, creador del psicodrama y del sociodrama. Su aportación fue clave para comprender cómo los roles y las relaciones dentro del grupo pueden representarse y transformarse a través de la acción.

Ambos habían construido una disciplina que se ocupaba de algo que la terapia individual no podía ver: las fuerzas que emergen cuando las personas se reúnen, y cómo esas fuerzas tienen efectos sobre cada individuo que van mucho más allá de su psicología personal.

Hellinger llegó a esa disciplina sin haberla buscado. Y la aplicó desde el primer día.

Lo que aprendió sobre sí mismo en el grupo

Cuando regresó a Alemania para asumir el rectorado del seminario, Hellinger ya no era solo misionero. Había aprendido a mirar los grupos. Y eso había cambiado algo fundamental en él.

“Yo era parte de un grupo. Yo dependía de él y simultáneamente ejercía una influencia sobre él. Rectifiqué mis ideas acerca del Yo y del libre albedrío individual.”

Eso era nuevo. En la formación sacerdotal, uno accede a un rol privilegiado y selecto. Es fácil perder el contacto con los demás porque siempre se está un paso adelante. En la dinámica de grupo es diferente: uno está en medio. Repentinamente es parte de un campo en el que todos son importantes por igual. “Exponerme a ello y llevarlo a cabo en mi actividad cotidiana fue una increíble ampliación de mi horizonte intelectual y espiritual.”

Y añadió algo que define su visión del facilitador: “La dinámica de grupo es un método maravilloso. Sin embargo el éxito depende en gran medida de la postura interior del instructor. La cuestión es si él se dedica a las personas con amor, si su desarrollo es importante para él.” No era la técnica. Era la presencia. Era si el que conducía el grupo estaba genuinamente al servicio de las personas o al servicio de sus propios ideales.

El profesor Däumling y el nacimiento de una carrera

De vuelta en Alemania, la dinámica de grupos era todavía una novedad. Hellinger era uno de los pocos profesionales del país con experiencia práctica real en ella. Eso lo hizo valioso de inmediato.

Aproximadamente dos meses después de su regreso, el profesor Adolf Martin Däumling —catedrático de psicología clínica del Instituto Psicológico de la Universidad de Bonn y creador de la dinámica de grupo en Alemania— ofreció una conferencia en Würzburg. Hellinger estaba entre los oyentes. Se presentó. Däumling lo invitó como entrenador ayudante a uno de sus seminarios en Bonn.

Ese sería el comienzo de una nueva carrera. Pronto ofrecía sus propios cursos y fue nombrado entrenador del Círculo Alemán de Trabajo en Dinámica de Grupo y Psicoterapia Grupal (Deutscher Arbeitskreis für Gruppendynamik und Gruppenpsychotherapie, DAAGG). Con ello se aseguró un recurso financiero propio e independiente de la orden. Por primera vez en su vida, podía ganar su propio dinero. Eso era, para él, importante y nuevo.

Dictaba cursos no solo en Alemania, sino también en Suiza e Italia. A esos cursos asistían personas de muchas procedencias: desde sacerdotes hasta psicoterapeutas. En especial a los novicios les aconsejaba que aprendieran otra profesión además del estudio de teología. Solo contando con una alternativa podrían decidirse de manera realmente libre por el sacerdocio. La misma libertad que él no había tenido del todo.

Ruth Cohn, la TZI y la Silla Caliente

Con ese conflicto interno creciendo respecto a la orden, Hellinger participó en el Primer Congreso de Dinámica de Grupo en Colonia, donde conoció a Ruth Cohn, creadora de la Interacción Centrada en el Tema (TZI).

Ruth Cohn, nacida en Berlín en 1912, provenía de una familia judía asimilada. Emigró a Suiza en 1933 y luego a Estados Unidos, donde se dedicó cada vez más a la terapia vivencial. Su método —la TZI— se basa en la idea de un aprendizaje de por vida y en las posibilidades psíquicas de evolución: estando centrado, uno reconoce intuitivamente qué se debe hacer en el momento presente.

Cuando Ruth Cohn ofreció por primera vez un curso en Alemania, Hellinger participó. Allí descubrió que Cohn se había formado en terapia Gestalt con Fritz Perls (1893–1970). Nadie en Alemania sabía aún de qué se trataba ese método.

Y entonces Cohn preguntó al grupo: “¿Quién se sienta en la silla caliente?”

Hellinger se sentó. Ruth Cohn llevó a cabo un trabajo con él que, según sus propias palabras, fue fantástico. Con su ayuda pudo ver hacia su futuro. “En esa sesión me quedó claro que iría a dejar el sacerdocio, dejar la Orden y contraer matrimonio.” Después ella hizo que recorriera todo el grupo y le dijera a cada uno: “Me voy.” Para él, eso fue muy emotivo. En ese momento tomó la decisión.

La dinámica de grupos no solo le había dado una carrera. Le había dado la claridad para dar el paso más importante de su vida.

Un método que no pertenece a ninguna escuela

Hellinger nunca se quedó en la dinámica de grupos. Enseguida sintió que no era suficiente para su desarrollo interior. “Pronto me di cuenta de que la dinámica de grupo no era suficiente para mi desarrollo interior y mi alma. Debía hacer algo distinto.” De ahí vino el psicoanálisis, la Gestalt, el Análisis Transaccional, la terapia sistémica.

Pero tampoco se quedó en ninguna de esas escuelas. Cuando le preguntaron si había fundado la suya propia, respondió con una precisión que lo define: “No son mis escuelas, aunque tal vez lleven mi nombre. Yo no he fundado nada propio, solamente seguí mis conocimientos. Los comuniqué y mostré su aplicación.”

Y cuando le dijeron que eso era difundir conocimientos, lo corrigió: “Esto es demasiado para mí. Yo los he comunicado. A la difusión le subyace un afán misionero, mientras la comunicación es solamente el hecho de comunicar. Es una gran diferencia.”

“Por eso no pertenezco a ninguna escuela. Alguna vez quise pertenecer a una u otra, pero gracias a Dios jamás lo logré. Estoy, pues, liberado en gran medida de reducir la apreciación al marco de un determinado sector.”

Esa libertad —de no haber quedado atrapado en ningún sistema— fue precisamente lo que le permitió sintetizar todo lo que aprendió en algo nuevo. Las escuelas terapéuticas, como observó, frecuentemente imponen una visión obligatoria, excluyendo y hasta prohibiendo nuevas percepciones. El terapeuta formado en una escuela corre el riesgo de sacrificar a la persona por el ideal de esa escuela. La misma trampa que había visto en la iglesia. La misma pregunta de los anglicanos: ¿los ideales o las personas?

¿Cómo funciona la dinámica de grupos en una constelación?

La influencia de la dinámica de grupos en las constelaciones familiares no es solo histórica. Es estructural.

Las constelaciones familiares son, en su forma, una práctica grupal del enfoque sistémico. Hay un grupo, hay representantes, hay un campo de fuerzas que emergen entre las personas. La idea de que el grupo contiene información que ningún individuo posee por separado —que algo se manifiesta en el espacio entre las personas, no dentro de cada una— viene directamente de la tradición de la dinámica de grupos.

Pero Hellinger fue más lejos. Donde la dinámica de grupos veía fuerzas sociales y psicológicas, él vio algo que no tenía nombre todavía: un campo de información familiar que trasciende a los individuos y que se manifiesta físicamente cuando alguien ocupa el lugar de otro miembro del sistema. Los representantes —sin conocer la historia de la familia— sienten emociones, impulsos y dolores que pertenecen a personas que no están en la sala.

Eso no lo aprendió de ningún libro. Lo observó, sesión tras sesión, en los grupos que llevaba. Y lo reconoció porque ya lo había visto entre los zulúes: hay una inteligencia en el grupo que ningún individuo puede tener solo.

Si quieres experimentar estas dinámicas en primera persona, puedes reservar tu plaza para nuestro próximo Taller de Constelaciones Familiares en Madrid

Para seguir profundizando

En Zentrum llevamos desde 2008 formando profesionales en este enfoque, en nuestra Certificación Avanzada en Constelaciones Familiares, con la legitimidad de haber sido formados directamente por Bert Hellinger y de haber participado en la organización de sus dos últimos encuentros en España. Una formación que parte exactamente de donde partió Hellinger: de la convicción de que el grupo sabe más que el individuo, y de que la persona siempre va por delante del ideal.

Referencias y enlaces de interés

Sobre Bert Hellinger

Preguntas frecuentes sobre la dinámica de grupos y Hellinger

¿Qué es la dinámica de grupos?

Es una disciplina desarrollada principalmente por Kurt Lewin y Jacob Levy Moreno que estudia las fuerzas que surgen en un grupo y cómo esas fuerzas afectan a cada participante individualmente. Se ocupa de los procesos colectivos: cómo se forman los roles, cómo se distribuye el poder, cómo se toman decisiones y cómo el grupo influye en la psicología de cada miembro.

¿Cómo influyó la dinámica de grupos en Hellinger?

Fue la primera corriente terapéutica que Hellinger practicó, antes incluso de dejar el sacerdocio. Los cursos anglicanos en Sudáfrica le abrieron la comprensión de que todos pertenecemos al mismo sistema, que las diferencias de raza o religión son irrelevantes, y que la persona debe estar siempre por encima del ideal. Esas ideas son el núcleo de los Órdenes del Amor.

¿Quién fue Kurt Lewin? 

Kurt Lewin (1890–1947) fue un psicólogo judío alemán que emigró a Estados Unidos en 1933 huyendo del nazismo. Es considerado el padre de la psicología social moderna y el fundador de la dinámica de grupos como disciplina científica. Su concepto de campo psicológico —la idea de que el comportamiento individual solo se entiende en el contexto del campo social en que ocurre— influyó directamente en la comprensión sistémica de las familias.

¿Qué es la TZI de Ruth Cohn?

La Interacción Centrada en el Tema (TZI) es un método terapéutico y pedagógico del trabajo grupal creado por Ruth Cohn. Se basa en la idea de que el aprendizaje verdadero ocurre cuando el individuo, el grupo y la tarea están en equilibrio. Hellinger se formó con Cohn y en una sesión de silla caliente con ella tomó la decisión de dejar el sacerdocio.

¿Qué es la silla caliente en terapia Gestalt? 

La silla caliente es una técnica desarrollada por Fritz Perls en la que el paciente trabaja directamente con el terapeuta frente al grupo. Uno puede pasar mucho calor en esa silla: emerge lo que normalmente permanece oculto. Hellinger fue el primero en experimentarla en Alemania, de la mano de Ruth Cohn.

¿En qué se diferencia la dinámica de grupos de las constelaciones familiares?

La dinámica de grupos estudia las fuerzas que emergen en cualquier grupo humano. Las constelaciones familiares aplican ese principio a los sistemas familiares específicamente, añadiendo la dimensión intergeneracional: no solo importa lo que ocurre en el grupo presente, sino también lo que el sistema familiar lleva acumulado a través de generaciones. Los representantes pueden sentir y expresar información de personas que no están presentes, incluso de ancestros fallecidos.

Fuente principal

  • Bert Hellinger, Un largo camino (págs. 48–53)

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