«Bert Hellinger confundió mi cabeza y alcanzó mi alma.»
Así empieza el prefacio. Lo escribe Gabriele ten Hövel, una periodista alemana que llegó a Hellinger con la cabeza llena de objeciones. Le irritaba casi todo: que hablara de honrar a los padres, de humildad, de la bendición del padre. Le sonaba anticuado. Le sonaba, dice, demasiado católico.
Pero lo vio trabajar tres días delante de cuatrocientas personas. Y algo le pasó. Cuenta que, después de cada encuentro con él, sentía «una especie de alegría serena para mí misma y para el mundo». No sabía explicarlo. Así que decidió preguntarle. Una y otra vez, durante horas, primero en un estudio de radio y después en su despacho.
De esas conversaciones nació Reconocer lo que es, el libro de Bert Hellinger que muchos facilitadores tienen en la mesilla. No es un manual. No enseña a colocar representantes ni recoge frases de solución. Hace algo más difícil: muestra la actitud desde la que trabajaba Hellinger. Y esa actitud se resume en tres palabras que atraviesan todo el libro: humildad, dignidad y lo común.

Contenidos
Qué es Reconocer lo que es y cómo nació
El título original es Anerkennen, was ist. Se publicó en alemán en 1996 en la editorial Kösel, con el subtítulo Conversaciones sobre implicaciones y desenlaces logrados. En español lo publica Herder desde el año 2000, en traducción de Sylvia Gómez Pedra, la misma traductora de la entrevista de Berlín de 1995. Puedes consultar la ficha de la edición española en Dialnet y la alemana en Goldmann.
El primer capítulo reproduce un programa de radio de la emisora Südfunk 2 de Stuttgart, que presentaba su trabajo al gran público. El resto son conversaciones largas, organizadas por temas. Cada capítulo lleva como título una frase de Hellinger: «Sufrir es más fácil que asumir la solución», «Los órdenes se encuentran», «El amor es siempre fiable», «Lo grande se encuentra en lo común».
Gabriele ten Hövel no es una discípula. Es una interlocutora exigente. Le lleva la contraria, le acusa de categórico, le pregunta lo que muchos lectores querrían preguntar. Esa tensión es lo que hace el libro tan valioso. Hellinger no expone. Responde.
En qué etapa de Hellinger se sitúa
En uno de los capítulos Hellinger dice que mira las cosas «a mis 70 años». Las conversaciones son, por tanto, de mediados de los noventa, en plena etapa de los Órdenes del Amor. Es la misma época que Preguntas a un amigo, la entrevista de Norbert Linz, y que la entrevista de Berlín de 1995.
Las tres forman un conjunto. Linz cuenta de dónde viene su forma de trabajar. Berlín explica cómo percibe. Reconocer lo que es muestra la actitud de fondo, desarrollada con calma y en muchos terrenos. Si quieres situarlas en el conjunto de su obra, puedes leer nuestro artículo sobre las tres etapas de Bert Hellinger.
Por qué es el libro de referencia del facilitador
Hay una pregunta del libro que lo explica todo. Gabriele ten Hövel le pregunta quién es él, ahora que los sacerdotes pierden su papel de acompañantes de almas. Hellinger responde que lo importante para él es ayudar a las personas a solucionar sus conflictos y ponerlas en contacto con las fuerzas de su propia familia. «En el fondo, no es sólo terapia, sino un servicio de reconciliación», dice. Y añade: «La palabra terapeuta no me dice gran cosa» (cap. «El amor es siempre fiable», p. 105).
¿Por qué no? Porque asocia la palabra terapeuta con la idea de manejar algo, de controlarlo. Y su comprensión del destino y de las fuerzas que actúan, dice, es demasiado grande para verse como alguien que interviene y consigue algo. En el prefacio, ten Hövel lo resume: Hellinger prefiere referirse a sí mismo como acompañante de almas.
Esa es la razón por la que este libro se recomienda a quien se forma como facilitador. Lo que se aprende en él no es una técnica. Es un lugar interior desde el que acompañar. Y es también la razón por la que en Zēntrum hablamos del enfoque de Bert Hellinger y no de una terapia: él mismo rechazaba la idea de un profesional que maneja el destino de otro.
La humildad: someterse a la realidad tal como se presenta
El capítulo central sobre su forma de mirar lleva un título que podría servir de lema para todo el libro: «Me someto a la realidad tal como se presenta» (p. 41).
Mirar sin intenciones
Hellinger define ahí su procedimiento fenomenológico. Toma la palabra de la fenomenología filosófica, pero la usa de forma muy concreta: «me expongo a un contexto mayor sin comprenderlo. Me expongo a él sin la intención de ayudar, y sin la intención de demostrar nada» (p. 41).
Gabriele ten Hövel le pregunta qué significa exactamente «sin intenciones personales». La respuesta es una de las más exigentes del libro. Lo primero es renunciar a la intención de ayudar. Hellinger la llama «la primera purificación». Lo segundo es renunciar al miedo: al miedo a lo que pueda aparecer y a lo que digan los demás cuando uno lo nombra.
Para muchas personas de las profesiones de ayuda, esto suena al revés. ¿Cómo se acompaña a alguien sin querer ayudarle? Hellinger lo explica con otra idea del mismo capítulo: quien se vuelca sobre el otro ya no puede percibirlo. La cercanía intensa que permite este tipo de mirada solo es posible manteniendo una distancia.
Asentir no es aprobar
En otro capítulo, ten Hövel le plantea la objeción más dura: si asiente a todo, ¿asiente también a lo terrible? Hellinger distingue con cuidado. Asentir no significa considerar algo bueno. Significa mirar lo que ocurre sin arrogarse el derecho de juzgarlo.
Y entonces da su definición de la humildad: buscar su propio lugar en los movimientos de la vida, a veces siguiéndolos, a veces retirándose. «Arrostrar el mundo de esta manera, eso es lo que yo entiendo bajo humildad. De esta manera estoy mucho más centrado y tengo más fuerza para hacer lo posible en mi ámbito» (cap. «La indignación aporta poco para la solución», p. 169 y ss.).
La humildad, en Hellinger, no es debilidad ni resignación. Es una fuente de fuerza. Quien no pretende arreglar el mundo entero puede hacer bien lo que le toca.
La arrogancia: lo contrario de la humildad
Si la humildad es reconocer lo que es, su contrario es la arrogación: atribuirse un lugar que no le corresponde a uno. El libro vuelve sobre ella una y otra vez.
La ve, por ejemplo, en el hijo que se convierte en juez de sus padres y les exige que se justifiquen. Hellinger es tajante: los padres no se convierten en padres por ser buenos o malos, sino por haberse unido como hombre y mujer. El hijo toma la vida tal como ellos se la dan, sin añadir ni quitar nada (cap. «La arrogación y sus consecuencias», p. 32).
La ve también en quien acompaña. Hellinger desconfía de cualquiera que se considere mejor que los demás. Y propone una distinción muy útil entre autoridad y autoritarismo. Tener autoridad es ser capaz de hacer algo que el otro necesita. Quien reclama autoridad sin responder a una necesidad real se vuelve autoritario (cap. «Los sabihondos se niegan a saber», p. 127 y ss.).
El arte de no intervenir
Al final del libro, ten Hövel le pregunta qué es lo bueno para él. La respuesta cabe en dos frases. Lo bueno es lo que alivia o alegra a otros, lo que mitiga una necesidad. Pero también ha visto que muchas veces los demás están mejor si él se contiene. «Por tanto, no sólo se trata del actuar fructífero, sino también del dejar fructífero» (cap. «Orden del alma y moral», p. 205).
Para un facilitador, esta idea vale oro. A veces la ayuda más humilde es no hacer nada más.
La dignidad de los otros
Si hay una palabra que aparece en los momentos decisivos del libro, es dignidad. No como valor abstracto, sino como algo que se ve en la cara de las personas cuando cada una ocupa su lugar.
Amar a quien se quiere percibir
En el capítulo sobre la mirada fenomenológica, Hellinger describe un ejercicio que hacía en sus cursos. Cinco personas se sentaban en semicírculo frente a una sexta. Debían mirarla de manera contemplativa, con amor, tal como era, hasta que les llegara algo esencial de ella. Cuando se lo comunicaban, la persona mirada se transformaba ante sus ojos.
De ahí deduce una primera ley: «amo a las personas que quiero percibir». Y aclara qué entiende por amor: no querer nada del otro, sino asentir a él tal como es, sin juzgarlo.
Lo explica con una imagen sencilla. Quien mira así los árboles encuentra bello cualquier árbol, sea cual sea su aspecto. «Este es el amor: el reconocimiento de que es bello y bueno tal como es» (p. 41 y ss.).
Cada uno es bueno a su manera
En el capítulo sobre la conciencia, Hellinger llega a una de sus comprensiones más profundas. La conciencia, dice, no nos dice lo que es bueno o malo en sentido absoluto. Nos dice si podemos seguir perteneciendo a nuestro grupo. Por eso cada persona actúa en buena conciencia dentro del suyo.
Cuando se ve esto, algo cambia en la mirada. Hellinger lo formula así: solo dejando atrás la conciencia estrecha «puedo ver que cada uno se encuentra atado a su manera; a su manera, cada uno es bueno y también se encuentra implicado» (cap. «Cada uno sólo se encuentra implicado a su manera», p. 49 y ss.).
Y añade una distinción preciosa. Muchos juicios se terminan, pero no por amor, sino por comprensión. No voy a amar al otro: puedo dejarlo donde está, respetándolo y valorándolo sin intervenir. Esa es, quizá, la forma más honda de respetar la dignidad de alguien.
El mismo derecho a pertenecer
Cuando ten Hövel le pide un ejemplo de los órdenes de los que tanto habla, Hellinger elige el más básico: cada miembro de una familia tiene el mismo derecho a pertenecer. «Éste es un orden muy bello; en el fondo, de aquí únicamente puede resultar algo bueno» (cap. «Los órdenes se encuentran», p. 101).
Lo que muestra el trabajo con constelaciones, dice, es que cuando alguien fue despreciado o excluido, la familia entera se alivia en cuanto esa persona recupera su lugar. Y si no lo recupera, más tarde otro miembro de la familia la imitará sin saberlo.
La dignidad no se concede por méritos. Se reconoce por pertenencia. Al final del libro, Hellinger lo lleva al terreno social: todas las formas de violencia nacen de la misma actitud, la de pensar «yo tengo más derechos que tú, yo puedo excluirte» (p. 205).
La solución: cada uno en su lugar, con su plena dignidad
¿Cómo sabe Hellinger que ha encontrado la solución en una constelación? Lo dice al final del programa de radio. Por la expresión de las caras: en cuanto se da con la solución, se iluminan y todos se relajan.
Y describe ese momento con una frase que resume su enfoque: la solución llega cuando cada uno está en el lugar que le corresponde, asume lo que tiene que asumir y se centra en sí mismo sin invadir la esfera de los demás. «Entonces, de repente, todos se sienten bien, con su plena dignidad. Y ésta es la solución» (p. 37 y ss.).
Acercarse a la familia como alguien que la valora
La dignidad también afecta a la familia del cliente. Hellinger se niega a ponerse por encima de ella. Se acerca a ella, dice, «como alguien que la valora». La paternidad es algo tan grande para él que nunca se pondría en contra de los padres (cap. «El amor es siempre fiable», p. 105 y ss.).
Por eso le parece absurdo animar a alguien a «librarse» de sus padres. Su respuesta es breve: ¿cómo puede una persona librarse de sus padres, si ella es sus padres?
Asumir lo propio también da dignidad
Hay una forma de dignidad que el libro muestra en un lugar inesperado: en quien asume las consecuencias de sus propios actos. Hellinger explica que hay hechos que no se pueden deshacer. Querer suavizar sus consecuencias desde fuera no ayuda. En cambio, si la persona asiente a las consecuencias de lo que hizo, «gana una dignidad especial que antes no tenía» (p. 101 y ss.).
Respetar la dignidad del otro incluye, por tanto, no quitarle lo que es suyo. Ni su destino, ni su responsabilidad.
Lo grande se encuentra en lo común
El capítulo que da nombre a esta sección es probablemente el más citado del libro. Empieza en el anterior, cuando ten Hövel le pregunta por las personas que están en paz consigo mismas.
Quien está en concordancia, no lucha
Hellinger habla de una sensibilidad interior para el propio destino, la vocación o la tarea de cada uno. Quien la sigue está en concordancia, aunque la tarea sea difícil y aunque los demás no la aprueben. Y quien está en concordancia no necesita luchar contra nadie. Siente una paz profunda, que no es satisfacción, sino paz (cap. «Quien está en concordancia, no lucha», p. 65).
Ten Hövel le dice que eso parece una actitud espiritual. Hellinger responde con una frase que lo cambia todo: «Podría denominarse así si no fuera tan común». Si se busca como algo espiritual, se pierde. «Es lo más simple, lo más común.»
Las realizaciones más grandes ocurren en la familia
¿Dónde se encuentra entonces lo grande? Hellinger no lo busca en experiencias extraordinarias. Lo encuentra en lo más corriente.
«Las realizaciones más simples y más profundas son aquéllas que tienen lugar en la familia; del padre y de la madre con sus hijos, y de los hijos con sus padres.» Quien está en concordancia con el hecho de ser padre, madre, pareja, hijo, hermano o hermana, y asume las tareas que eso trae, realiza su condición de ser humano. Y lo hace, dice, «de una manera muy silenciosa. Sin propaganda, sin dogma, sin doctrina, sin exigencias morales» (p. 65 y ss.).
El peso de las personas
Para explicar esto, Hellinger usa una expresión muy suya: el peso anímico. Hay personas que tienen peso y personas que flotan. Se nota enseguida en su presencia.
¿Quién tiene más peso? Hellinger pone ejemplos sencillos. Un campesino que por la mañana da de comer a sus vacas y sale al campo. Unos padres que sacaron adelante a quince hijos en medio de una gran pobreza: «eso es grandeza para mí», dice. Los que más peso tienen son quienes tienen hijos y asumen la responsabilidad que traen, sean como sean sus relaciones familiares (cap. «Lo grande se encuentra en lo común», p. 69 y ss.).
Ese peso se gana, dice, en la vida de cada día. «Quien hace las cosas normales de cada día, afrontándolas tal como la vida las presente, gana este peso anímico. Quien busca lo extraordinario, tiene poco peso» (p. 139 y ss.).
Y tiene una consecuencia directa para quien acompaña. Hellinger ha visto que a algunos profesionales solo acuden casos leves, porque las personas con problemas graves notan que no tienen peso suficiente para sostenerlos. El peso, dice, aumenta con la edad y con lo vivido.
Tocar tierra
Gabriele ten Hövel le acusa de idealizar el campo. Hellinger lo matiza: no se trata del campo, sino del contacto con lo inmediato. Un aprendiz, dice, tiene a menudo más peso que un estudiante, porque no puede refugiarse en teorías. El campesino se somete a la tierra y a las estaciones. El artesano, a su material y a sus herramientas. Esos límites lo llevan a tocar tierra (p. 130).
La conclusión es fuerte: toda protección frente al contacto directo con la realidad aleja a la persona de la tierra y de sí misma.
Lo espiritual sin creerse especial
En el mismo capítulo, Hellinger distingue entre lo espiritual y la búsqueda de lo extraordinario. Lo espiritual tiende a integrar: abarca un horizonte amplio y no separa a quien lo vive de los demás. «Una persona espiritual no se considera mejor», dice. Lo que le preocupa es lo contrario: los caminos que distinguen a unos de otros y hacen perder el contacto con la vida cotidiana.
La meditación, añade, tiene su lugar. Él también medita, cuando necesita fuerza para un caso difícil. Pero la pregunta siempre es la misma: ¿qué resulta de ahí? ¿Ha hecho a la persona más capaz de amar, más comprensiva, más sabia?
La verdadera autorrealización
Hellinger es duro con la idea de autorrealización entendida como hacer lo propio sin tener en cuenta a nadie. Pero no rechaza la autorrealización. La sitúa en otro lugar.
La auténtica autorrealización, dice, se da cuando una persona sigue su vocación interior, la tarea que la toma a su servicio. Y enumera: «un artesano, un empresario, un campesino, una madre, un padre o un músico. No importa de qué ámbito se trate». Esas personas descansan en sí mismas. «Han alcanzado su plenitud» (p. 139 y ss.).
Lo grande no está en ser especial. Está en ser plenamente lo que uno ya es.
Observar y percibir: el hilo con las entrevistas de esos años
Hay un momento del libro que conecta directamente con las otras dos conversaciones de la misma época. Hellinger hace un gesto con las manos para explicar la diferencia entre el yo y el sí mismo. Y ten Hövel lo resume: «observar significa enfocar un punto determinado. Percibir, en cambio, significa mirar la amplitud del espacio».
Hellinger asiente y pone un ejemplo. Un investigador que mira un árbol como investigador solo ve los detalles. Un pintor, o un poeta, lo ve en su totalidad. «Ésta es la manera en que trato a las personas sistémicamente: no miro al individuo, sino que lo veo formando parte de toda una red relacional» (cap. «Tocar algo más grande en el alma», p. 87 y ss.).
Es la misma distinción entre observar y mirar que explica a Norbert Linz, y la misma percepción que describe en Berlín. Es la base de lo que llamamos la mirada fenomenológica en las Constelaciones Familiares.
Lo que un facilitador se lleva de Reconocer lo que es
Leído desde la práctica, el libro deja algunas actitudes muy concretas.
La primera es una pregunta. Hellinger dice que su criterio principal al trabajar con alguien es este: ¿le fortalece o le debilita? Lo que debilita, añade, también impide la solución (p. 139 y ss.). Es una brújula sencilla para cualquier intervención, incluida la decisión de callar.
La segunda es la economía. Hellinger necesita muy poca información: los hechos de la familia, no las interpretaciones. Cuando alguien le cuenta largamente cómo eran sus padres, esa red de imágenes le impide mirar a los padres con sencillez. Y cuando tiene dificultades con una persona, propone un recurso muy humano: imaginarla con cuatro años y preguntarse qué pasó entonces para que hoy sea así (p. 87 y ss.).
La tercera es la confianza en algo más grande que uno. Hellinger insiste en que lo que sana no sale de él, sino de la familia. Él solo ayuda a que esas fuerzas entren en juego (p. 105 y ss.).
La cuarta, la más difícil, es la humildad ante el propio saber. Cuando alguien ve algo distinto a partir de su propia experiencia, dice, él se retira. No quiere dar órdenes a nadie sobre cómo trabajar. Y frente a las críticas, su actitud es sorprendentemente sencilla: si alguien causa algo bueno con su crítica, asiente a ello (p. 205).
Un libro para leer con su contexto
Reconocer lo que es no es un libro cómodo. Gabriele ten Hövel lo sabe y lo dice: Hellinger provoca, fascina, conmueve e irrita. Algunas de sus afirmaciones sobre la pareja, la adopción o la política reflejan su mirada de los años noventa y siguen siendo debatidas.
El propio Hellinger da la clave para leerlas. En la entrevista de Berlín de 1995 explica que lo que dice en una constelación es la percepción de un momento, y que se vuelve dogmática cuando se separa de ese momento y se convierte en doctrina. Leer este libro con esa misma humildad es, quizá, la mejor forma de honrarlo.
Lo que no ha envejecido es su núcleo: la humildad ante lo que es, el respeto por la dignidad de cada persona y la convicción de que lo grande se encuentra en lo común. Por eso sigue siendo, casi treinta años después, el libro de referencia de quien acompaña desde el enfoque sistémico. El recorrido completo de su obra está en nuestra biografía, obra y legado de Bert Hellinger.
Volver a la alegría serena
Gabriele ten Hövel empezó estas conversaciones con dudas. Las terminó con una frase sencilla: no todo había quedado aclarado, pero sí lo suficiente para un principio. Y con aquella alegría serena que sentía después de cada encuentro, para sí misma y para el mundo.
Quizá ese sea el mejor resumen del libro. No da respuestas cerradas. Cambia la forma de mirar. Enseña que acompañar empieza por reconocer lo que es, por respetar la dignidad de cada persona y por encontrar lo grande en lo más corriente de la vida.
Esa actitud no se aprende leyendo, aunque un buen libro ayude. Se forma con tiempo, con práctica y mirando el propio sistema. Es lo que cultivamos en Zēntrum Madrid, con un equipo docente que aprendió directamente de Bert Hellinger. Si quieres llevar esta mirada a tu práctica profesional, puedes conocer la Certificación Avanzada en Constelaciones Familiares.
Bert Hellinger en sus propias palabras: las entrevistas
Durante más de quince años, Bert Hellinger explicó su trabajo en conversaciones con periodistas, colegas y amigos. Leídas en orden, muestran cómo su enfoque pasó de los Órdenes del Amor a los Movimientos del Alma y del Espíritu. Aquí puedes recorrerlas etapa por etapa:
Primera etapa · Los Órdenes del Amor (1993-1996)
- Preguntas a un amigo: la entrevista de Norbert Linz
Hacia 1993-1994. De dónde viene su forma de trabajar y por qué no deja contar el problema. - La mirada fenomenológica: la entrevista de Berlín
16 de junio de 1995. Intuición y percepción, y la diferencia entre aplicar los órdenes y percibirlos. - Reconocer lo que es: las conversaciones con Gabriele ten Hövel
1996. El libro de referencia del facilitador: la humildad, la dignidad de los otros y lo grande en lo común. - La entrevista de Wilfried Nelles: servicio y renuncia · próximamente
12 de abril de 1997. Estar en sintonía, reconocer sin indignarse y qué actúa en una constelación.
Segunda etapa · Los Movimientos del Alma (2000-2004)
- Bert Hellinger y el poder en las organizaciones · próximamente
Comienzos de los años 2000. La entrevista de Klaus Grochowiak sobre el poder, el liderazgo y las empresas. - La conferencia de prensa de París · próximamente
1 de junio de 2002. Hellinger responde a los periodistas franceses sobre las constelaciones y sus críticas.
Del Alma al Espíritu · Nueva York (2004)
- La paz empieza en el alma: la charla de Fordham · próximamente
Octubre de 2004. La buena conciencia como raíz de los conflictos y la reconciliación en el propio corazón. - Bert Hellinger en «A Better World» · próximamente
Hacia octubre de 2004. La entrevista con Mitchell Rabin sobre la buena y la mala consciencia de los grupos.
Tercera etapa · Los Movimientos del Espíritu (desde 2005)
- La entrevista de Recto Verseau · próximamente
Enero de 2006. Laurent Montbuleau pregunta por las implicaciones, el perdón y el amor del espíritu. - Bert Hellinger en La Vanguardia · próximamente
15 de octubre de 2009. La entrevista de Víctor M. Amela sobre la madre, el padre y el éxito.
¿Quieres ver cómo encajan estas entrevistas en el conjunto de su obra? Lee las tres etapas de Bert Hellinger y su biografía, obra y legado.
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Preguntas frecuentes
¿De qué trata el libro Reconocer lo que es de Bert Hellinger?
Es un libro de conversaciones entre Bert Hellinger y la periodista Gabriele ten Hövel, publicado en alemán en 1996 (Anerkennen, was ist) y en español por Herder en 2000. Hellinger explica la actitud de fondo de su trabajo: la mirada fenomenológica, la conciencia, los órdenes del amor, el destino y la humildad.
¿Qué significa «lo grande se encuentra en lo común» según Hellinger?
Significa que las realizaciones más profundas de una persona no están en experiencias extraordinarias, sino en lo cotidiano: ser padre, madre, hijo o pareja y asumir las tareas que eso trae. Para Hellinger, quien vive en concordancia con lo común gana «peso anímico» y una paz que no necesita luchar.
¿Quién era Gabriele ten Hövel?
Gabriele ten Hövel es la periodista alemana que entrevistó a Bert Hellinger para un programa de radio de Südfunk 2 Stuttgart y después en conversaciones largas que dieron lugar al libro. Su papel es el de una interlocutora crítica, que le plantea objeciones y le pide aclaraciones.
¿Qué es la humildad para Bert Hellinger?
Para Hellinger, la humildad es asentir al mundo tal como es, sin arrogarse el derecho de juzgarlo, y buscar el propio lugar en él. No es resignación: le da más fuerza para hacer lo posible en su ámbito. Su contrario es la arrogación, atribuirse un lugar o un derecho que no corresponde.
¿Por qué Hellinger no se consideraba terapeuta?
Porque asociaba la palabra terapeuta con la idea de manejar o controlar algo. En Reconocer lo que es dice que su trabajo es «un servicio de reconciliación» y que lo que sana viene de la familia, no de él. Prefería verse como acompañante de almas.
Fuentes
- Hellinger, B. y ten Hövel, G. (2000). Reconocer lo que es. Conversaciones sobre implicaciones y desenlaces logrados. Trad. Sylvia Gómez Pedra. Barcelona: Herder. Título original: Anerkennen, was ist (Múnich: Kösel, 1996). Las páginas citadas corresponden al inicio de cada capítulo en la edición de Herder.
- Lenk, W., Schmidt, J. y Zawieja, B. (1995). Entrevista a Bert Hellinger. Berlín, 16 de junio de 1995. Trad. Sylvia Gómez Pedra.
- Smith, D. W. (2018). Phenomenology. Stanford Encyclopedia of Philosophy.
