Una psicóloga llega a su primer taller de Constelaciones Familiares. Ha preparado su historia durante semanas. Sabe por dónde empezar, qué contar de su madre y cómo explicar lo que le pasa con su pareja.
Se sienta junto al facilitador y empieza a hablar. A los pocos segundos, él la interrumpe con suavidad. Le pregunta solo tres cosas: si alguno de sus padres tuvo una pareja anterior, cuántos hermanos son y si murió alguno.
Ella no entiende qué ha pasado. Venía a contar su problema. Nadie le ha dejado contarlo.
Si alguna vez has vivido algo así, la explicación está escrita desde hace más de treinta años. Está en una entrevista a Bert Hellinger que casi nadie lee, porque aparece en las últimas páginas de Órdenes del amor. Se titula «Preguntas a un amigo», y en ella Hellinger cuenta de dónde viene su forma de trabajar y por qué hace lo que hace.

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Quién era Norbert Linz y dónde se publicó la entrevista
Norbert Linz acompañó a Bert Hellinger, junto con Gunthard Weber, en todas las fases de escritura de Ordnungen der Liebe, publicado en alemán por Carl-Auer en 1994 y en español como Órdenes del amor. Según los agradecimientos del propio libro, Linz hizo la entrevista y se encargó de su redacción final.
La conversación cierra el libro. El propio texto la presenta como una forma de entender con más amplitud el trabajo descrito en las páginas anteriores. En ella Hellinger habla de Órdenes del amor como «el presente libro». Eso sitúa la conversación hacia 1993-1994, en los meses en que se preparaba la obra, que salió en alemán en 1994. Pertenece, por tanto, a la etapa de los Órdenes del Amor, la primera de las tres grandes etapas de su trabajo.
No es una entrevista de prensa. Es una conversación entre dos personas que se conocen bien. Por eso Linz lo llama «querido Bert», interrumpe, completa frases y, cuando algo no le cuadra, se lo dice. En un momento le señala que se contradice. Hellinger se ríe y reconoce la contradicción.
Leída hoy, la entrevista es un retrato de Hellinger en plena etapa de los Órdenes del Amor, varios años antes de que, hacia 2000, empezara a hablar de los Movimientos del Alma, y más de una década antes de los Movimientos del Espíritu. Explica el punto de partida de todo lo que vino después, que recorremos en el artículo sobre las tres etapas de Bert Hellinger.
Cómo descubrió Hellinger la dimensión sistémica
La primera pregunta de Linz es directa: qué camino le llevó a la mirada sistémica. La respuesta de Hellinger no empieza en las constelaciones. Empieza en el trabajo con guiones del Análisis Transaccional.
Los guiones que no eran de quien los contaba
Eric Berne partía de la idea de que cada persona vive según un plan de vida secreto, un guion. Ese guion se podía descubrir a través de las historias, los cuentos o las películas que más impresionaban a la persona. Berne pensaba que el guion nacía de los mensajes que los padres transmitían a los hijos en la primera infancia.
Hellinger descubrió que no siempre era así. Un hombre se sentía muy impresionado por Otelo. Hellinger vio que esa historia no podía ser la de un niño. Así que le preguntó directamente qué hombre de su familia había matado a alguien por celos. La respuesta fue su abuelo.
Hellinger volvió sobre este caso años después en su autobiografía, con estas palabras: «De repente me quedó claro: la mayoría de los guiones no tienen que ver con experiencias personales. Más bien se los adopta de otros miembros de la familia» (Mi vida, mi obra, p. 26).
Fue su primer cara a cara con la dimensión sistémica de los conflictos. Un hilo de trabajo que luego extendió a fondo en su lectura del Análisis Transaccional.
Los sentimientos adoptados
La segunda pista llegó del trabajo con la terapia primal de Arthur Janov. Una clienta expresaba sentimientos que a Hellinger le resultaban incomprensibles. Él se los atribuyó a ella, como si fueran suyos. Años después reconoció que se había equivocado.
Hasta entonces pensaba que solo había dos tipos de sentimientos: los primarios, que responden directamente a lo que ocurre, y los secundarios, que sustituyen o encubren a otro. Aquel caso le mostró un tercer tipo: los sentimientos adoptados. Alguien, sin saberlo, siente lo que sintió otra persona de su familia, y lo dirige hacia alguien que no tiene nada que ver.
En la misma respuesta añade una observación que pocas veces se cita. También algunos sueños, dice, no pertenecen al que sueña, sino a otra persona de su familia. Atribuírselos al soñador puede ser injusto con él.
Maestros e impulsores: el recorrido de Hellinger en primera persona
Una de las partes más valiosas de la entrevista es la lista de maestros que el propio Hellinger reconoce. Es una fuente directa para entender las corrientes que forman su enfoque. En el artículo sobre su biografía, obra y legado hemos dedicado un artículo a cada una.
Sudáfrica: los zulúes y la dinámica de grupos
Sus primeros instructores fueron entrenadores de dinámica de grupos en Sudáfrica, formados en Estados Unidos. Los cursos los organizaba el clero anglicano, abiertos a personas de otras confesiones y razas. Hellinger cuenta que fue una vivencia muy profunda ver cómo las diferencias podían disolverse gracias al respeto mutuo.
Lo aplicó enseguida, porque entonces dirigía un gran colegio para alumnos africanos en Natal. Lo contamos en la dinámica de grupos en Hellinger.
Más adelante en la entrevista, cuando Linz le pregunta por su experiencia de vida, Hellinger vuelve a Sudáfrica. Recuerda la paciencia y el respeto de los zulúes, la naturalidad con la que los padres ejercían su autoridad y la naturalidad con la que los hijos los respetaban. Nunca oyó a nadie hablar con desprecio de sus padres. Entre ellos, dice, sería impensable.
Viena, Janov y la terapia familiar
Al volver a Alemania en 1969, Hellinger empezó a dar cursos de dinámica de grupos. Pronto sintió que no le bastaba y se formó en psicoanálisis en Viena.
Durante esa formación descubrió el libro de Janov. Le impresionó la inmediatez con la que abordaba los sentimientos centrales. Después pasó nueve meses en Estados Unidos formándose con él. Allí aprendió a no dejarse aturdir por los sentimientos intensos. Pero también vio su punto débil: clientes y profesionales que acababan guiándose solo por lo que sentían. Lo recorremos en el Grito Primal y Hellinger.
En 1979 participó durante cuatro semanas en un seminario de terapia familiar con Ruth McClendon y Les Kadis. Hacían constelaciones impresionantes y encontraban buenas soluciones, pero ni ellos sabían explicar por qué funcionaban. Poco después su trabajo se transformó por completo. Lo explicamos en la Terapia Familiar Sistémica en Hellinger.
Antes de constelar por su cuenta, asistió a dos cursos de Thea Schönfelder. Y preparando una conferencia sobre culpa e inocencia en los sistemas, comprendió algo decisivo: en un sistema, lo anterior tiene prioridad sobre lo posterior. Con ese patrón ya pudo empezar a trabajar él mismo.
Cuando Linz le dice que ese es un enfoque «originalmente suyo», Hellinger lo corrige. Comprendió una realidad oculta, responde, igual que podría haberla comprendido otro. No reclama ningún derecho sobre ella.
Erickson, las historias y Farrelly
Linz le pregunta por otros maestros. Hellinger nombra a los discípulos de Milton Erickson, sobre todo a Jeff Zeig y Stephen Lankton. De Erickson aprendió a reconocer a la persona tal como es y a guiarse por sus señales, también por los movimientos casi imperceptibles que contradicen lo que dice con palabras.
En Un largo camino lo resume con una frase sencilla: «Muchas veces hablo en un tono de voz que favorece la concentración, empleando solamente palabras sencillas. También eso lo aprendí de Erickson» (p. 64). Lo desarrollamos en la hipnoterapia y Hellinger.
De esa escuela vienen también sus historias. Hellinger cuenta que al principio no le salían. Dos años después le llegó la primera en un grupo. Explica por qué funcionan: cuando le dice algo directamente a alguien, esa persona tiene que defenderse de él para preservar su dignidad. Con una historia, ya no trata con él, sino con los personajes.
Cuando Linz le pregunta por su forma de confrontar a los clientes con las consecuencias más duras de lo que ocurre en su familia, Hellinger nombra a otro maestro: Frank Farrelly y su trabajo provocativo. Le indicó un camino, dice, y lo recuerda con gratitud.
Menciona también a Ivan Boszormenyi-Nagy y su libro Lealtades invisibles. Sus ideas le indicaron un rumbo, pero pronto lo dejó de lado para mirar por sí mismo cómo actuaba la necesidad de compensación en las familias.
El movimiento interrumpido hacia la madre y el padre
La entrevista recoge una de las formulaciones más claras del movimiento interrumpido, un concepto que Hellinger siguió desarrollando toda su vida.
Lo explica así. Un niño pequeño quiere estar con su madre o con su padre, pero no puede llegar a ellos. Porque estuvo ingresado en un hospital, porque pasó sus primeros días en una incubadora o porque uno de sus padres murió pronto. En todos esos casos, dice, el amor se convierte en dolor. Y el dolor es tan grande que el niño no quiere volver a tocarlo.
En lugar de acercarse, se aleja. Siente rabia, tristeza o desesperación en lugar de amor. Hellinger comprobó que muchos de los grandes sentimientos que aparecían en su trabajo encubrían, en el fondo, ese amor primario a la madre y al padre.
La solución no está en descargar esos sentimientos, sino en ir al punto exacto donde el movimiento se detuvo y completarlo. Cuando el amor interrumpido llega a su meta, dice Hellinger, llega una paz profunda.
Hay un detalle sobre el papel del facilitador que merece atención. Hellinger dice que representa a la madre o al padre para el cliente. Lo lleva hasta ellos y, una vez allí, les deja sitio y desaparece. Por eso, explica, el riesgo de que el cliente se quede vinculado a él es mínimo: lo entrega a sus padres, que son las mejores manos para él.
Cómo trabajaba Hellinger en la etapa de los Órdenes del Amor
La segunda mitad de la entrevista es casi un manual de trabajo. Linz le pregunta punto por punto por sus procedimientos, y Hellinger responde con una claridad que hoy sigue siendo útil para cualquier facilitador.
Mirar, no observar
Linz le pregunta qué quiere decir cuando dice que algo «se ve enseguida». Hellinger distingue entre observar y mirar. Al observar, la mirada se concentra en un punto. Al mirar, se abre al conjunto: ve a la persona junto con su familia. Por eso puede ver si en una constelación falta alguien.
La distinción se entiende mejor en alemán, la lengua en la que Hellinger pensaba. Observar es beobachten: una palabra que contiene achten, prestar atención, vigilar. Es la mirada del que examina desde fuera, se acerca a los detalles y busca algo concreto. Gana en precisión, pero pierde el conjunto. Mirar es schauen, y en su forma más amplia wahrnehmen, que literalmente significa «tomar por verdadero»: recibir lo que se presenta tal como es, sin escogerlo de antemano. Quien mira así no persigue un dato. Se expone a la escena entera y deja que algo se muestre. Por eso, para Hellinger, mirar no es menos que observar, sino más: exige renunciar a la intención y al juicio previo.
Y añade que no se trata de un conocimiento exclusivo suyo. Cuando pregunta al grupo, muchos ven lo mismo. Solo hace falta práctica para fiarse de esa percepción. Es la base de lo que llamamos la mirada fenomenológica.
Advierte también de su límite. Quien mira así y al mismo tiempo duda, objeta o tiene miedo de lo que ve, deja de ver.
Solo los hechos
Aquí está la respuesta a la psicóloga del principio. ¿Por qué Hellinger la cortaba en seco? Porque el problema tal como el cliente lo cuenta suele ser una coartada. Si el relato fuera la solución, ya se habría curado. Por eso solo le interesan los hechos duros: quién faltó, quién se marchó, quién murió sin ser nombrado.
Escuchar el relato solo le daría la oportunidad de justificarlo y reforzarlo. Por eso solo le interesan los hechos, sin interpretación: si los padres tuvieron parejas anteriores, cuántos hermanos hay, si murió alguno, si hubo acontecimientos graves en la familia.
Y no todos los hechos pesan igual. Hellinger habla de la energía de los acontecimientos. Un hermano que murió pequeño o una madre que murió en el parto son hechos que actúan con fuerza durante generaciones, precisamente porque suelen ocultarse.
Reducir el trabajo al mínimo
Otra de sus reglas: no hacer más de lo estrictamente necesario. Hellinger corta la constelación en cuanto aparece la solución, en el momento de máxima energía. Así evita que esa energía se pierda en comentarios y debates.
Si no encuentra solución, también interrumpe, y tampoco permite discusión. Reconoce que es una intervención dura, pero ha visto que a menudo, pocos días después, la persona encuentra por sí misma lo que le faltaba.
Sin curiosidad y sin preguntar por el éxito
Hellinger se niega a las preguntas curiosas y tampoco las hace. Para él, la curiosidad es una falta de respeto hacia la otra persona.
Tampoco pregunta después si el trabajo tuvo éxito. Se alegra cuando se entera por terceros de que alguien está bien, pero no lo pregunta. No quiere ponerse, dice, entre la persona y su destino. Su meta no es eliminar un síntoma, sino que la persona recupere el vínculo con su familia y con las fuerzas que hay en ella. Y a quien tiene síntomas graves le aconseja consultar también a un médico o a un psiquiatra.
Las comprensiones centrales: amor, equilibrio y pertenencia
Cuando Linz le pide que resuma lo que aporta de nuevo, Hellinger enumera tres comprensiones. Son la base de los Órdenes del Amor.
La primera es que detrás de todo comportamiento actúa el amor, también detrás de los síntomas más extraños. La tarea es encontrar el punto donde ese amor se concentra, porque la solución siempre pasa por ahí. Critica el trabajo que anima a descargar la rabia contra los padres: ha visto que la persona que lo hace se castiga después a sí misma. El alma del hijo no tolera el desprecio hacia los padres.
La segunda es la necesidad de equilibrio entre dar y tomar, tan fuerte que, dice, nunca podrá sobrestimarse. Cuando no encuentra una salida buena, actúa como una compensación ciega: quien hizo daño se hace sufrir a sí mismo. La solución está en compensar a otro nivel, a través del bien, del respeto y del amor.
La tercera es el mismo derecho a la pertenencia. Cada miembro de la familia tiene el mismo derecho a pertenecer, esté vivo o muerto. Cuando alguien es excluido u olvidado, otro miembro del sistema, sin saberlo, lo representa más tarde. Hellinger lo llama la causa más importante de las implicaciones sistémicas.
Por eso define su tarea como un servicio a la reconciliación. Cuando el excluido vuelve a ser visto, se reencuentran los que estaban separados: pareja, padres e hijos, sanos y enfermos, vivos y muertos.
La verdad del momento: el enfoque fenomenológico
Linz le plantea una pregunta que muchos se hacían: de dónde saca Hellinger la seguridad para presentar sus afirmaciones como verdades.
La respuesta es una de las claves para entender su obra. Hellinger dice que solo presenta lo que ve en un momento determinado, y que cualquiera podría verlo si se centra en ese momento. La verdad de un momento sustituye a la de otro. Si más adelante ve algo distinto, incluso contradictorio, lo dice con la misma seguridad.
Por eso se siente malinterpretado cuando alguien le recuerda lo que dijo dos días antes. No se hace reglas fijas. Es a esto, dice, a lo que se refiere cuando llama a su trabajo fenomenológico.
Linz le señala que eso contradice lo que había dicho sobre los patrones que se repiten. Hellinger se ríe y lo admite. Afronta la contradicción cuando aparece y sopesa una cosa y la otra.
Asentir al mundo tal como es
La entrevista termina con una cita de Carlos Castaneda. El primer enemigo del conocimiento es el miedo. Linz le pregunta cuál es la mejor manera de vencerlo.
La respuesta de Hellinger resume toda su actitud: asentir al mundo tal como es. Quien puede asentir a la muerte, a la enfermedad, a su propio destino y al de los demás, ha superado el miedo y gana claridad.
Esa idea de asentir a todo tal como es atravesará toda su obra posterior y será el centro de los Movimientos del Espíritu.
Qué cambió después de esta entrevista
Leída con la distancia del tiempo, la entrevista muestra a un Hellinger que todavía intervenía mucho: colocaba, cortaba y proponía las frases. Él mismo dice que no deja la solución en manos del cliente: configura las imágenes intermedias y la imagen de solución, y confronta a la persona con las consecuencias más duras.
Pocos años después, su trabajo empezó a cambiar. En los Movimientos del Alma dejó de proponer la imagen de solución y confió cada vez más en el movimiento de los representantes. En los Movimientos del Espíritu intervenía lo mínimo.
Pero muchas de las semillas ya están aquí: la mirada al conjunto, la confianza en algo que supera al individuo, la renuncia a controlar el resultado y el asentimiento a todo tal como es. Por eso esta conversación es una de las mejores entradas a la forma de pensar de Hellinger antes de que su enfoque se abriera a los Movimientos del Alma. El recorrido completo puede consultarse en biografía, obra y legado de Bert Hellinger.
Volver a la psicóloga del primer taller
Volvamos a la psicóloga que se sintió ignorada porque no la dejaron contar su historia. Con esta entrevista en la mano, lo que vivió cambia de sentido. No la interrumpieron por falta de interés. La interrumpieron por respeto: para no reforzar el relato que la mantenía atrapada y para ir directamente a los hechos que pesaban en su familia.
Esa forma de trabajar no es una técnica que se aprende en un fin de semana. Es una actitud que se forma con tiempo, con práctica y, sobre todo, mirando el propio sistema. Es lo que cultivamos en la formación que ofrecemos en Zēntrum Madrid, con docentes que se formaron directamente con Hellinger durante diecinueve años, de 2000 a 2018, y que conocen en profundidad cada una de sus etapas. Si quieres llevar esta mirada a tu práctica profesional, puedes conocer la Certificación en Constelaciones Familiares.
Preguntas frecuentes
¿Donde se publicó la entrevista «preguntas a un amigo«?
Es el capítulo final de Órdenes del amor (Ordnungen der Liebe, Carl-Auer, 1994; en español, Herder), y se hizo hacia 1993-1994, en la etapa de los Órdenes del Amor. La realizó Norbert Linz, que acompañó a Bert Hellinger en la preparación del libro junto con Gunthard Weber y se encargó de la redacción final de la entrevista.
¿Quiénes fueron los maestros de Bert hellinger?
En esta entrevista, Hellinger nombra a los entrenadores de dinámica de grupos de Sudáfrica, su formación psicoanalítica en Viena, Arthur Janov, Eric Berne, Ruth McClendon y Les Kadis, Thea Schönfelder, los discípulos de Milton Erickson, Frank Farrelly e Ivan Boszormenyi-Nagy.
¿Qué son los sentimientos adoptados según Hellinger?
Son sentimientos que una persona siente sin que le pertenezcan. Los ha tomado, sin saberlo, de otro miembro de su familia y los dirige hacia alguien que no tiene nada que ver con ellos. Hellinger los descubrió trabajando con la terapia primaria de Arthur Janov.
¿Por qué Hellinger no dejaba contar el problema?
Porque consideraba que el problema tal como la persona lo relata no es su verdadero problema. Escuchar el relato solo lo reforzaría. Por eso preguntaba únicamente por hechos: parejas anteriores de los padres, hermanos, muertes tempranas y acontecimientos graves en la familia.
Fuentes
- Hellinger, Bert. «Preguntas a un amigo», entrevista de Norbert Linz, en Órdenes del amor. Barcelona: Herder (orig. Ordnungen der Liebe, Carl-Auer, 1994), p. 479.
- Hellinger, Bert. Mi vida, mi obra. Buenos Aires: Alma Lepik, p. 26.
- Hellinger, Bert. Un largo camino. Buenos Aires: Alma Lepik, 2011, p. 64.
